El sueño ideal era subirlo con las cholitas escaladoras. Llegué tarde a Bolivia y ellas ahora están en Nepal, persiguiendo sus propios sueños. Aun así, la montaña siempre encuentra la forma: terminé subiendo con la familia de Julia.
Hasta diciembre de 2024, subir más de 5.200 metros me parecía imposible. Ni siquiera había hecho mi primer nevado, hasta que hice el Cotopaxi en Ecuador que está sobre los 5900. No era tanto el cuerpo, sabía que, sufriendo un poco, podía lograrlo, sino la mente.
Y este último año, mi seguridad mental en la montaña ha cambiado profundamente. Es impresionante cómo la montaña te transforma por dentro cuando realmente enfrentas tus propios límites en ese entorno.
El 15 de enero de 2026 subimos hasta el refugio más alto, a 5.200 metros ” Las Rocas, refugio de alta montaña”, también conocido como la Casa de los Guías. Un espacio compartido por turistas, montañistas y guías.
Ronald, el líder del grupo, nos dio varias explicaciones desde el inicio, pero en la noche me dijo algo que se me quedó grabado: mi cordada saldría al final porque era la más preparada.
Apenas lo escuché, mi cabeza se llenó de dudas: ¿y si no llego?, ¿y si soy demasiado lenta?, ¿y si me caigo escalando?, etc., Sobrepensé de gana, lo bueno que sabía que eran dudas innecesarias, aunque no pude dormir jaja, estaba muy emocionada, para mí era un intento de mi primer 6000.
A la madrugada del 16 salimos a la 1:15 a.m. Mi cordada estaba formada por Helmer, hijo de Julia, una de las cholitas escaladoras, el guía líder, de apenas 17 años, y yo. Ronald, el líder del grupo, su esposo me dijo con seguridad: “No te preocupes, vas a llegar.”
Mientras subíamos, alrededor de las 3 a.m., una persona de otra cordada se retiró. Su guía necesitaba integrar al chico que sí iba a continuar, así que Stuart se unió a nuestra cordada. Pasamos de ser dos a tres. Por suerte, habíamos compartido la cena la tarde anterior en el refugio, así que ya no sentía tanta desconfianza al caminar juntos sobre la nieve, como me pasó en el Nevado Mateo, donde no conocía a nadie de mi cordada y éramos demasiados en una cordada.
A los 5.600 metros, aproximadamente a una hora y media de la cumbre, me dio sueño. No mal de altura, sueño real. Caminaba como dormida. Hasta que apareció la pared de escalada. Unos 50 metros de hielo, creo. Mi parte favorita, sin duda. Ahí me desperté y todo fluyó perfectamente.
Pasamos ese tramo… y el sueño volvió. Ya sobre los 5.900 metros sentía que avanzaba en automático de nuevo. Les dije a Stuart y a Helmer que no sabía si podía seguir. Helmer me miró y me dijo: “Estamos a 30 minutos de la cumbre. Sí puedes, estamos muy cerca.”
Y una vez más, el “veamos hasta dónde llego” me llevó al punto más alto de mi vida hasta ahora. Con vistas impresionantes, personas cálidas en el camino y un amanecer precioso a las 5:40 a.m.
Infinitamente agradecida con la vida. Con la montaña, el lindo Huayna, que sorprende en cada paso. Con mi cámara, que me acompaña a todas partes. Y con cada persona que ha sido parte de un proceso tan bonito y tan transformador.
Muchos me dijeron que la peor epoca para hacer monta;a en Bolivia es en enero, y pues yo desde mi experiencia, tuve el mejor clima/ jajaj









